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Entrevistando a diseñadores de vestidos

Le dicen leyenda viviente, y bien ganado tiene el apodo. Abrió su primer negocio en pleno movimiento hippie, cuando los hombres recién dejaban de usar gomina y el término diseñador no se usaba. Por aquel entonces escaseaban los modelos de sexo masculino, así que hasta se animó a desfilar sus propias creaciones sobre la pasarela. Osear Álvarez dedicó su vida a la alta costura. Tanto, que desde 1975 hasta hoy ha presentado, al menos, dos colecciones por año. Vistió a primeras damas, actrices de teatro y a cientos de novias uruguayas en los últimos 30 años. Es loco por las buenas terminaciones y su estilo se sigue caracterizando por la sencillez. Cuando crea, inevitablemente, piensa en una mujer sobria y elegante.
-¿Qué es lo primero que le pide una novia cuando se sienta en esta silla?
-Algunas vienen sin saber nada, y otras lo saben todo. Cuando alguien se sienta acá, yo te puedo decir más o menos qué estilo tiene y qué tipo de vestido va a querer. Porque una persona habla al vestirse, al sentarse. Las identifico enseguida.
-¿Hace cuántos años que hace vestidos de novia?
-Ni yo lo sé, pero hace muchos. Creo que mi primera novia fue Cristina Giuria. Yo calculo que empecé hace unos treinta y poco años. Luego fue un correveydile que llega hasta el día de hoy. Y esa línea que te nombro fue absolutamente neta, de una languidez total. La saqué en la época en que todas las novias iban muy románticas, en los años 80′.
-Pero usted nunca fue de recargar mucho los vestidos.
-Nunca. Cuando saqué esa línea era el único que hacía algo así de sencillo. Luego lancé una línea lisa, en la que los vestidos eran prácticamente visos. Me importaba la sencillez, lo neto. Lo menos es más, en cierta manera. Creo que pegó muchísimo, las uruguayas se sintieron identificadas. Hasta venían las argentinas especialmente a buscar esos vestidos. Y en ese momento el tocado tomó preponderancia. Claro que me adecuaba a la personalidad de la novia, porque algunas querían un toque romántico, otras sexy… Pero lo importante es que la novia se sienta identificada.
-¿Cuándo empezó a dedicarse a la moda?
-Dejé de estudiar Ciencias Económicas cuando puse mi primer negocio. Menos mal que no continué, porque hubiera sido un mal contador.
-¿Dibujaba?
-Sí. Mi madre era modista y había puesto una casa de modas. Algunas veces ella tenía que hacer alguna vidriera y yo la ayudaba. En el año 76, cuando se iba a abrir Drugstore, me ofrecieron poner una tienda ahí. Se llamó Unisex, vestíamos a hombres y mujeres. Tenía un taller, hacíamos desfiles… Hasta llegué a desfilar yo mismo, junto a mi socio de aquel entonces. Éramos unos atrevidos totales. En esa época el hombre no desfilaba, así que imagínate. A mí siempre me gustó el diseño, aunque por ese entonces no se hablaba de diseñadores, sino de modistas y modistos.
-¿Qué recuerda de esos tiempos?
-Eran los años 70, el movimiento hippie, los Beatles. Los hombres habíamos dejado de usar gomina. Y así fue como me atreví a abrir el primer negocio, apoyado por mis padres. De ahí salió todo. Al principio mandábamos a hacer algunas cosas, por ejemplo Margara Shaw nos abastecía, también Gustavo Gallinal -hoy dueño de Club House- que hacía sweaters, o Nelson Mancebo que fue llevado por mí. Nos estábamos iniciando, éramos muy jóvenes. Pero ahora, cuando alguien dice sobre un vestido mío: “es evidente que es un Oscar Álvarez” es porque pasé a ser diseñador.
-¿Y cuándo se dio ese cambio?
-No sé. El diseño se empezó a dar a través de los desfiles que fuimos haciendo. Había siete modistos de primera línea en ese entonces. A mí me dicen la leyenda viviente, porque nadie se acuerda de la historia de la moda uruguaya. Ahora hay un movimiento de gente que empieza, pero ya nadie hace colecciones.
-¿Qué pasó en el camino? Porque de las escuelas salen muchos diseñadores…
-Salen y salen y me parece regio. Aspiran a exportar, a imponerse en otros mercados. Pero no hacen colecciones, ellos tienen su tienda y venden. A nosotros nos tocó la época en que no había tanto importado, teníamos que hacer todo con los materiales que encontrábamos. En aquel entonces nadie se ponía una falda si no era terminada a mano. Todo era hecho con manos uruguayas. Ahora conseguir gente que trabaje para talleres de costura es difícil. Ya nadie quiere ese tipo de métier. Todos quieren diseñar y ser Christian Dior.
-¿Hay que saber coser para ser diseñador?
-Sí. Yo no sabía coser pero aprendí con el tiempo. Es sacrificado coser. Ahora la gente se compra los vestidos en los viajes, ¿vos te crees que compran alta costura? No.               -¿Qué se traen?
-Un vestido terminado a máquina. Pero la gente ya no se fija en eso. Hay diseño hasta en un Pro Novias, pero la forma de realizarlo es totalmente diferente de lo que nosotros hacíamos. En mi tiempo no había escuelas de diseño ni de modelos, todo fue intuitivo. Y ser amante de todas las demás artes me ha ayudado a desarrollar mi personalidad de diseñador.

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