Archivo de la etiqueta: las relaciones de pareja

De los encuentros con los ex

Hay personas que adoran recordar el tiempo pasado. Mi amiga Gaby, por ejemplo. Para ella no hay mejor programa que reunirse a tomar el té, mirar fotos de hace años y preguntarse qué será de la vida de nuestros compañeros del secundario. Para mí, el pasado está muy bien donde está: ¡lejos! Hablar sobre el presente o el futuro siempre me divierte, en cambio el revisionismo histórico personal no me tienta para nada. Pero el pasado tiene sus antojos y de tanto en tanto envía un mensajero: es así como, cuando menos una lo espera, aparece algún “ex” a la vuelta de una esquina. Puede tratarse de un ex novio, una ex suegra o un ex jefe: lo cierto es que, sin pedir permiso, el pasado sorprende con encuentros cercanos de diversos tipos. Según cómo haya sido la relación pasada con la persona que encontramos, la sorpresa puede generar reacciones bien distintas: alegría, emoción, nostalgia o ganas de salir corriendo, que es lo que me pasó a mí hace pocos días. El sábado, justo a la salida de una librería, me crucé con Clara, la mamá de un ex novio. El lugar no favorecía la huida, que es lo que me hubiera gustado hacer: habíamos quedado cara a cara justo en la puerta de entrada. Clara es la madre de Pablo, con quien yo había estado de novia un par de años, hacía ya bastante tiempo. No nos habíamos llevado terriblemente mal, pero tampoco demasiado bien: había sido la clásica relación “suegra-nuera”, sobrellevada por ambas a fuerza de cortesía y poblada de incómodos silencios mutuos. ¿Qué es lo primero que pregunta una ex suegra? ¡Adivinaron! Pregunta si una se casó. “No, todavía no me casé”, respondí yo con la mejor sonrisa que pude producir. ¿Cuál creen que fue el segundo comentario? ¡Acertaron otra vez! “Pablito sí se casó”, informó inmediatamente. Y, como no podía ser de otra manera, agregó: “¡Con un chica divinal”. Ni siquiera voy a intentar negarlo, amigas: la noticia me cayó como una piedra. ¡Los ex novios nunca deberían casarse antes que una! Es un golpe a la autoestima. Indignada por la noticia, decidí que a Clara se le notaba muchísimo el paso de los años. Y es que los encuentros con las mujeres del pasado, ya sean compañeras, cuñadas o vecinas, nos pone a todas en guardia: miramos sin pudor ni remordimiento si la otra engordó o está espléndida, si está bien vestida o si la tersura de su piel es natural o conseguida en el quirófano. Esos datos son fundamentales, sobre todo si después del encuentro la conclusión es: “Estoy mucho mejor que ella”. Hablando de verse estupenda, más vale estarlo si nos encontramos con un ex novio o ex marido. No importa si no alcanzaban las lágrimas cuando él nos partió el corazón o si salimos a festejar el divorcio con amigas. Ni tampoco cuenta que nos haya visto con un pijama XL poniéndonos una máscara humectante verde en la cara. Lo importante es que ahora, en tiempo presente, nos vea rutilantes: el mensaje a transmitir es que la vida nos sonríe, y que él sufra al ver lo que se perdió…En este punto hubo discrepancia entre mis amigas cuando hablamos de los encuentros con los “ex”: para Tere, cualquiera de estos encuentros siempre resulta tierno y romántico. Para Ana son oportunidades estratégicas. Si en la historia pasada hubo fuego, dice, es imperioso revisar las cenizas en busca de brasas. ¡Un novio pasado puede convertirse en un marido futuro en un abrir y cerrar de ojos! Eso siempre y cuando el hombre no sea ya el feliz marido de otra. En cuyo caso habrá que forzar una sonrisa ante la noticia y tacharlo de la lista de posibles candidatos. Encontrarnos con ex compañeros de trabajo puede ser grato, pero siempre confrontaremos, interiormente, con una decisión pasada si la partida fue voluntaria: ¿habré hecho bien en dejar ese trabajo? Si el ex compañero es ahora gerente y una tiene tres trabajos para llegar a fin de mes, la entonces sabia decisión se convertirá en un error colosal. En cambio si él o ella se sigue quejando como entonces de que no le aumentan el sueldo, la felicidad será total por haber dado un portazo a tiempo. Las ex cuñadas conforman un género casi tan espinoso como las ex suegras, por eso la relación que hayamos tenido con ellas determinará qué tan grato puede ser un reencuentro después de algunos años. Si éramos compinches, será como encontrarse con una vieja amiga; si siempre estábamos al borde del recelo, prepárense: serán de las que también cuenten lo bien que está su hermano ahora que está de novio (o casado) con otra mujer. A pesar de mi resistencia al pasado que vuelve, como dice el tango, tengo que reconocer que la mayoría de los encuentros que tuve con mis “ex-algo” fueron gratos. A fin de cuentas, a muchos de ellos los elegí alguna vez, y otros fueron inesperados compañeros de ruta en momentos significativos de mi vida. Con ellos compartí sueños y proyectos, me fui de vacaciones, me reí, me enojé, hice planes o intenté arreglar el mundo en una mesa de café. Lo cierto es que los “ex” no sólo sorprenden porque traen de vuelta el pasado sin previo aviso, sino porque funcionan como un espejo en el que nos miramos de repente y descubrimos que el tiempo pasó también para nosotras. Pero como la vida tiene vueltas muy curiosas, nunca se sabe en qué terminará ese café con el ex novio de la adolescencia que, al igual que una, ¡todavía no se casó!

Publicado en Sobre el matrimonio | Etiquetado | Deja un comentario