Archivo de la etiqueta: el valor de la fidelidad

La fidelidad en la pareja

la fidelidad

Las parejas que inician sus trayectos se prometen cumplir con sus sueños, apoyarse en los empeños de cada uno, sostenerse. Se juran amor, tejen planes. Y se prometen, también, fidelidad. Aunque de esto se habla menos que de los puntos anteriores. Sumergidos en el oleaje del enamoramiento, en la emoción  de la convivencia inminente y bañados por la luz prometedora del futuro, generalmente de eso no se habla. La fidelidad se da por sabida y por sentada.

Después de todo, quienes se casan hacen una apuesta fuerte: eligen a su pareja, optan por la monogamia.

Hoy no es mañana.
¿Cómo se podría, entonces, comprometer un sentimiento? Parece un propósito imposible, un intento de actuar contra la naturaleza de las cosas. Nada tiene raíces más profundas y exclusivas en el presente, en el aquí y ahora de la vida de cada individuo, que los sentimientos. Yo amo, odio, estoy triste, estoy feliz, me siento agradecido o dolorido, hoy. Mi amor, mi odio, mi tristeza o mi felicidad del pasado son recuerdos, son experiencias, son vivencias, pero no son lo que siento hoy y aquí. Y mis sentimientos del futuro son deseos, ilusiones, imaginación, pero no están en mí en este momento. Es imposible sentir “a cuenta”.
Respaldado en mi amor de hoy, puedo actuar con fidelidad v puedo afianzarme en la sensación de que así continuaré. Pero estos son un sentimiento y una sensación de hoy. No de mañana. ¿Y mañana? ¿Seré fiel?

Esta pregunta nos introduce en una zona sensible de la cuestión. Si me propongo cumplir con mi palabra (ya sea por dignidad, por honestidad, por una cuestión de principios, por sensibilidad, por temor o por empecinamiento), seguramente seré fiel. Pero eso no necesariamente significa que continuaré amando. Es que la fidelidad no es un sentimiento. Es una actitud, un comportamiento, una conducta. Por eso se puede prometer y, sobre todo, se puede cumplir.
Quizá no siempre percibimos esta diferencia, porque los mensajes, los mandatos, las palabras que hemos recibido desde la niñez nos dijeron que fidelidad y amor son la misma cosa. Sin embargo, se puede ser fiel sin amar (limitándose a hacer coincidir la conducta con el juramento). Y se puede amar aún habiendo roto el pacto. Esta conclusión, no tiene por qué resultar decepcionante más bien, coloca las cosas en su lugar. Así, la fidelidad bien entendida y mejor experimentada es una consecuencia de la vida en pareja. Es un fruto de las vivencias compartidas, de las situaciones atravesadas, de los momentos transitados, del conocimiento adquirido acerca del otro y de uno mismo. La fidelidad obtenida así es un ejercicio constante de reelección. A lo largo de las experiencias que atravesamos juntos elijo una y otra vez a mi pareja v al reelegirla renuevo mi compromiso de fidelidad.

 

 

Publicado en Vivir en pareja | Etiquetado | Deja un comentario