Archivo de la categoría: Sobre el matrimonio

Los besos en la historia del cine

 Los besos en la historia del cine

Algunos besos del cine han pasado a la historia labial colectiva, como el de Casablanca, el de Lo que el viento se llevó, el de Romeo y Julieta e incluso uno tan atípico como el que un humano da a una mona en El planeta de los simios. Y es que es raro -casi imposible- que una pareja no se bese si comparte pantalla. Forma parte del juego de transferencias que debe de producirse entre actores y espectador. ¡Ojo con la costumbre de besar a la novia! en El hechizo de un beso, un viejete se cuela en el jardín donde se está celebrando una boda y aprovecha para dar el beso de rigor a la novia -en este caso, siendo Meg Ryan, tiene su disculpa-. Pero, en el acto del beso se intercambia la personalidad de ambos, produciéndose, a partir de ese momento, una serie de equívocos y situaciones desconcertantes. La película es un rollo, pero sirve para ilustrar el poder de los besos demostrando que un beso hechicero puede incluso robarte a la novia.

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Aprendiendo a construir la pareja

Aprendiendo a construir la pareja

En primer lugar, como todo en la vida, el saber amar bien y con éxito es algo que se aprende. Cuanto más se cultive, cuanto más se cuide y se mime, más probabilidades de éxito habrá. Y hay algunas personas que llegan a hacer de él un arte. Este “saber amar bien”, este arte, incluye todas las etapas del amor: su explosión pasional y sus consecuencias (la cual necesita de un conocimiento del propio cuerpo y del otro, de los diferentes métodos de contracepción, de las enfermedades de transmisión sexual y su prevención, de cómo lograr una comunicación afectiva y simétrica con el otro, … etc.); su etapa de compromiso (que supone un aprendizaje sobre cómo desarrollar una complicidad intransferible entre los miembros de una pareja, que exige un esfuerzo para aprender a cómo negociar los derechos y los deberes del hombre y de la mujer antes de embarcarse en un proyecto común); y, por último, el rodear el amor de una intimidad (que necesita de una educación, en cada uno de los miembros de la pareja, en el respeto mutuo y en la tolerancia). Y todo esto no se conoce y se domina debido a una ciencia infusa, ni a buenas intenciones, ni a modelos de madres de conducta irreprochable, ni tampoco a reacciones amorosas espontáneas surgidas de corazones ingenuos e inocentes. Necesita de una educación, de unos consejos, que sólo pueden venir de quiénes nos han precedido en este complicado ejercicio que es el arte de amar. Pero esperar a aprenderlo cuando una “señorita casadera” o un “señorito casadero” de este final de siglo se encuentra ya con su carne en el asador, es algo temerario: copiarlo a rajatabla de las películas, de la televisión o de las revistas de moda, un tanto arriesgado; así, quizá lo mejor y más recomendable, es que nuestros mayores que están cerca y nos conocen, nos lo enseñen desde que tenemos uso de razón. Es la única manera de no llevarse chascos y tener los pies sobre la tierra, porque si algo hemos avanzado desde el siglo XIX -y no pasa nada porque una señorita, antes o después de un compromiso, se deje besar por un señor y muchas cosas más- todavía falta un poco para lograr que la educación sentimental no se focalice exclusivamente en temas sexuales. Por supuesto que son importantes y mucho, pero ya sabidos; es la educación en la complicidad, en la negociación y en el respeto mutuo lo que hace que toda mujer, todo hombre, transforme el amor en un arte.

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Las caricias en la pareja

Las caricias en la pareja

El hecho de tocar y acariciar es un placer sensual, una exploración de la textura de la piel, de los contornos del cuerpo, sin otra meta que el disfrute de las sensaciones táctiles. Este es sin ninguna duda el más grande reservorio de emociones de la cuál fluye la sexualidad.
Dicen los Dres. Master y Johnson:
“En el tocar y acariciar, lo mismo que en el ver y oír, o en el saborear y oler, se nutre el placer de estar vivos, que tocar y acariciar a otro ser humano satisface la profunda necesidad de no estar sola que siente toda criatura, que ser tocado y acariciado por otro ser humano satisface la necesidad de sentirse deseado como presencia física, que en el recíproco contacto físico entre dos personas de sexo opuesto, o del mismo sexo, que se tienen una confianza mutua no sólo se experimenta el placer de estar vivo, sino también el goce de ser una criatura sexual, un goce que de manera fundamental e inevitable, como extensión natural de la vida misma, halla expresión y cauce en el abrazo sexual, más allá de la genitalidad”.

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De los encuentros con los ex

Hay personas que adoran recordar el tiempo pasado. Mi amiga Gaby, por ejemplo. Para ella no hay mejor programa que reunirse a tomar el té, mirar fotos de hace años y preguntarse qué será de la vida de nuestros compañeros del secundario. Para mí, el pasado está muy bien donde está: ¡lejos! Hablar sobre el presente o el futuro siempre me divierte, en cambio el revisionismo histórico personal no me tienta para nada. Pero el pasado tiene sus antojos y de tanto en tanto envía un mensajero: es así como, cuando menos una lo espera, aparece algún “ex” a la vuelta de una esquina. Puede tratarse de un ex novio, una ex suegra o un ex jefe: lo cierto es que, sin pedir permiso, el pasado sorprende con encuentros cercanos de diversos tipos. Según cómo haya sido la relación pasada con la persona que encontramos, la sorpresa puede generar reacciones bien distintas: alegría, emoción, nostalgia o ganas de salir corriendo, que es lo que me pasó a mí hace pocos días. El sábado, justo a la salida de una librería, me crucé con Clara, la mamá de un ex novio. El lugar no favorecía la huida, que es lo que me hubiera gustado hacer: habíamos quedado cara a cara justo en la puerta de entrada. Clara es la madre de Pablo, con quien yo había estado de novia un par de años, hacía ya bastante tiempo. No nos habíamos llevado terriblemente mal, pero tampoco demasiado bien: había sido la clásica relación “suegra-nuera”, sobrellevada por ambas a fuerza de cortesía y poblada de incómodos silencios mutuos. ¿Qué es lo primero que pregunta una ex suegra? ¡Adivinaron! Pregunta si una se casó. “No, todavía no me casé”, respondí yo con la mejor sonrisa que pude producir. ¿Cuál creen que fue el segundo comentario? ¡Acertaron otra vez! “Pablito sí se casó”, informó inmediatamente. Y, como no podía ser de otra manera, agregó: “¡Con un chica divinal”. Ni siquiera voy a intentar negarlo, amigas: la noticia me cayó como una piedra. ¡Los ex novios nunca deberían casarse antes que una! Es un golpe a la autoestima. Indignada por la noticia, decidí que a Clara se le notaba muchísimo el paso de los años. Y es que los encuentros con las mujeres del pasado, ya sean compañeras, cuñadas o vecinas, nos pone a todas en guardia: miramos sin pudor ni remordimiento si la otra engordó o está espléndida, si está bien vestida o si la tersura de su piel es natural o conseguida en el quirófano. Esos datos son fundamentales, sobre todo si después del encuentro la conclusión es: “Estoy mucho mejor que ella”. Hablando de verse estupenda, más vale estarlo si nos encontramos con un ex novio o ex marido. No importa si no alcanzaban las lágrimas cuando él nos partió el corazón o si salimos a festejar el divorcio con amigas. Ni tampoco cuenta que nos haya visto con un pijama XL poniéndonos una máscara humectante verde en la cara. Lo importante es que ahora, en tiempo presente, nos vea rutilantes: el mensaje a transmitir es que la vida nos sonríe, y que él sufra al ver lo que se perdió…En este punto hubo discrepancia entre mis amigas cuando hablamos de los encuentros con los “ex”: para Tere, cualquiera de estos encuentros siempre resulta tierno y romántico. Para Ana son oportunidades estratégicas. Si en la historia pasada hubo fuego, dice, es imperioso revisar las cenizas en busca de brasas. ¡Un novio pasado puede convertirse en un marido futuro en un abrir y cerrar de ojos! Eso siempre y cuando el hombre no sea ya el feliz marido de otra. En cuyo caso habrá que forzar una sonrisa ante la noticia y tacharlo de la lista de posibles candidatos. Encontrarnos con ex compañeros de trabajo puede ser grato, pero siempre confrontaremos, interiormente, con una decisión pasada si la partida fue voluntaria: ¿habré hecho bien en dejar ese trabajo? Si el ex compañero es ahora gerente y una tiene tres trabajos para llegar a fin de mes, la entonces sabia decisión se convertirá en un error colosal. En cambio si él o ella se sigue quejando como entonces de que no le aumentan el sueldo, la felicidad será total por haber dado un portazo a tiempo. Las ex cuñadas conforman un género casi tan espinoso como las ex suegras, por eso la relación que hayamos tenido con ellas determinará qué tan grato puede ser un reencuentro después de algunos años. Si éramos compinches, será como encontrarse con una vieja amiga; si siempre estábamos al borde del recelo, prepárense: serán de las que también cuenten lo bien que está su hermano ahora que está de novio (o casado) con otra mujer. A pesar de mi resistencia al pasado que vuelve, como dice el tango, tengo que reconocer que la mayoría de los encuentros que tuve con mis “ex-algo” fueron gratos. A fin de cuentas, a muchos de ellos los elegí alguna vez, y otros fueron inesperados compañeros de ruta en momentos significativos de mi vida. Con ellos compartí sueños y proyectos, me fui de vacaciones, me reí, me enojé, hice planes o intenté arreglar el mundo en una mesa de café. Lo cierto es que los “ex” no sólo sorprenden porque traen de vuelta el pasado sin previo aviso, sino porque funcionan como un espejo en el que nos miramos de repente y descubrimos que el tiempo pasó también para nosotras. Pero como la vida tiene vueltas muy curiosas, nunca se sabe en qué terminará ese café con el ex novio de la adolescencia que, al igual que una, ¡todavía no se casó!

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Cosas a saber para casarse por iglesia

¿Quién te casa?¿Puede casarnos cualquier sacerdote o tiene que ser el párroco de la iglesia que elegimos? Puede ser cualquier sacerdote, si el párroco lo permite. Tu párroco tiene jurisdicción sobre tu casamiento. Aunque no lo hayas conocido personalmente, él es responsable por el evento. Si otro sacerdote va a presidir tu casamiento, tu párroco deberá permitirlo (Código de Derecho Canónico, 1111).

¿Puede casarnos un diácono? Sí, un diácono ordenado por la Iglesia Católica puede testificar un casamiento. La ceremonia no tendrá misa, porque los diáconos no presiden la Eucaristía, pero será un casamiento católico.(Texto extraído de: The Catholic Wcdding Answer Book,Paul Turner)

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Como mantener sano el matrimonio

El sabor del peligro
Demasiado cansados, demasiado ocupados o demasiado enojados son el nombre y apellido de los principales obstáculos en la salud erótica de las relaciones.
Pero la gurú no predica en vano. Perel duerme sólo cuatro horas por noche y entiende tan bien como cualquier mujer el agotamiento de una madre. “Es cierto que esa fatiga no se puede trivializar. Yo también me cansaba, pero sé que los amantes al inicio de una relación pueden estar despiertos toda la noche. De la misma manera, el deseo en el matrimonio debe hacer el esfuerzo de sortear los obstáculos, pues el resultado será indudablemente positivo”.
La especialista entiende, por ejemplo, que es muy difícil sobreponerse a las demandas de los hijos. “Una madre exhausta no puede recibir, ni tampoco necesita en realidad, mayor estímulo sensual o emocional que el que tuvo cuando amamantó a su hijo, unos minutos antes de acostarse a descansar.” En consecuencia, su solución a este delicado tema es brutalmente pragmática. Todos los años, la sicóloga y su marido toman vacaciones lejos de sus hijos y es así como han logrado mantener la buena salud del matrimonio, luego de dos décadas de convivencia.
Los consejos planteados son originales y variados, pero no por ello fáciles de seguir. Las parejas pueden esforzarse en planificar la seducción, pero la naturaleza no siempre responde a la sintonía forzada, pues tanta programación tampoco funciona. Tratando arduamente de ser espontáneos, se corre el riesgo de dejar de serlo.
Otro de los puntos que La inteligencia erótica señala es el coqueteo extramarital. Es cierto que el espectro de la infidelidad persigue a muchas parejas, y si bien los argumentos que consideran las relaciones extramatrimoniales como la única chance de felicidad erótica son expresiones consideradas hoy arcaicas o éticamente incorrectas, de hecho son apoyadas por los terapeutas. Perel no sólo adhiere a la tesis que apoya las virtudes del flirteo, sino que considera posible que una pareja sobreviva a una aventura e incluso se beneficie con ella.
En el papel, las ideas convencen por su sofisticación y elegancia, pero jugar con fuego conlleva sus riesgos. Y como con toda receta para la felicidad, conviene siempre mantener una sana cuota de escepticismo.
Más allá de los amores u odios despertados por el libro, la conclusión -que puede ser tachada de idealista- finalmente abre una luz de esperanza para la monogamia contemporánea.
Reconciliar amor y deseo como elementos no excluyentes es un logro nada menor. Sólo es preciso entender que no siempre se dan al mismo tiempo y que, como todo, hacerlo cuesta trabajo.
Seguridad y pasión son dos necesidades humanas fundamentales e independientes que florecen por diferentes motivos y tienden a arrastrar a las personas hacia direcciones opuestas. Por un lado se enaltece la estabilidad, asumiendo que echar raíces es inherente a la condición humana, pero también lo es la búsqueda de la novedad y el cambio como fuerza generadora de plenitud.
¿Un contrasentido? Es cierto, pero también lo es el ser humano, que encuentra su riqueza en definirse como una contradicción caminante.

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Preguntas sobre el casamiento por iglesia

CUESTIONES BÁSICAS
1- ¿Qué es el sacramento del matrimonio?
Es tanta la importancia del matrimonio en la sociedad que Jesucristo quiso elevar la realidad natural del matrimonio a la dignidad de sacramento para quienes han recibido el bautismo. El sacramento añade a la institución natural el aumento de la gracia, que facilita a los esposos el cumplimiento de aquellos deberes que tienen como marido y mujer. Los propios novios son los ministros del sacramento; el sacerdote es solamente un testigo cualificado de la Iglesia.
2- ¿Qué es la gracia del sacramento del matrimonio?
La gracia que se otorga con el sacramento del matrimonio es un don sobrenatural, de Dios, que ilumina nuestro entendimiento y mueve y conforta nuestra voluntad para que hagamos el bien y nos abstengamos del mal. Esta gracia está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble y a ayudarse mutuamente en la acogida y educación de los hijos.

3- ¿Por qué es bueno casarse por Iglesia?
Además de la gracia que reciben los esposos con el sacramento del matrimonio, la Iglesia enseña que el matrimonio ayuda a vencer el repliegue sobre uno mismo, el egoísmo, y contribuye a abrirse al otro y a la ayuda mutua. Por lo tanto la Iglesia bendice a los esposos y fomenta la indisolubilidad, complementariedad e igualdad del hombre y la mujer, volviendo el matrimonio una institución sagrada que es buena para los hijos, para la sociedad y para los propios cónyuges. Según el designio original divino, la unión matrimonial es indisoluble y se establece que: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Me 10, 9).
4- Soy católica pero no tomé la primera comunión, ¿puedo casarme por Iglesia?
Sí, podes casarte por Iglesia.
5- Soy católica pero no voy a misa, ¿me puedo casar por Iglesia? Sí, ir a misa no es un requisito para casarse.

6- Si mi novio es pariente directo mío, ¿nos podemos casar por Iglesia?
Sí, tienen que solicitar una dispensa por consanguineidad.
7- Tengo menos de 18 años, ¿mis padres deben consentir mi matrimonio?
La Iglesia Católica no puede admitir el casamiento de personas con una edad menor a la legal (Código de Derecho Canónico, 1072), así que lo primero que hay que hacer es observar la ley local. En lo que respecta a la Iglesia, y si la ley civil no difiere, la edad mínima para casarse es de 16 años para los hombres y de 14 años para las mujeres. Un menor de edad puede casarse si sus padres no se oponen.

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La vida en pareja y sus dificultades

Muchos preparativos, tanta organización, la fiesta, dos familias en danza son signos de que el matrimonio es un paso decisivo. Los festejos humanos revelan la trascendencia de determinados hechos. Y es bueno que así sea…
Todo ello pasa… Es tiempo de pensar, se acaban los libretos, los manuales sobre la existencia, los consejos recibidos. Es el momento de vivir; de vivir un vinculo. El vínculo que sostiene al matrimonio es un sentimiento de apego, es una relación profunda, fuerte, integral, de un hombre por una mujer y viceversa, con un proyecto en común para adelante, pero como todo lo humano esta sombreado con las dificultades, con los claroscuros…
No es hablando como se construye un vínculo. Y tanto hablamos de dialogo. Hasta ahora hemos hablado y mucho: también hemos compartido y mucho.
Pero aparece la cotidianeidad, la convivencia, el cada día para el que nunca fuimos preparados.
El vínculo es un lazo que se construye de a poco, primero a la distancia, con miradas, gestos. Acercándonos cada vez más en una proximidad más rica y comprometedora. No nos unen las ideas, nos unen los tiempos, los ritos compartidos, los espacios, las ayudas, los silencios, las sutilezas, las dificultades y también la palabra. ¡Estar ahí! Elegir y amar a alguien es responder por el elegido, saber que voy a estar y voy a esperar y saber que responden y esperan por mí.
¡Cuando me esperan la vida cobra más fuerza! En la aproximación y en el encuentro surge el paraíso de lo compartido, pero de a poco o de repente aparece la diferencia.
”Me gusta charlar por la mañana”. “No soporto los ruidos al levantarme”.
No podemos entenderlo, como entendemos un lavarropas o una computadora: es y será en cierto modo impredecible y yo también lo soy y lo seré. ¡Y esto es así y para siempre! ¡Qué problema..!
Aprendamos a conocer lo que somos.
Cada uno porta su propia mochilita de historia familiar, una serie de normas y mandatos, a veces cosas claras sobre “lo que no haremos jamas” que sentimos como verdades absolutas.
El otro carga la suya, con su propio ritmo, su humor, su estilo, sus mejores y peores momentos del día. No somos iguales, lo sabemos pero no lo terminamos de digerir. Nos educaron en lo de “como dos gotas de agua”, “media naranja … ¡Fantasías! ¡Espejismos!
La realidad es diferente. Del intercambio de asimetrías, el interjuego de las mismas de lugar a la profundidad y maravilla del vínculo, que cuanto más hondo, más potencia y enriquece a sus partes.
Lo nuestro no es trueque, no es intercambio, es regalo pero consensuado. La vida afectiva, como la vida social y política supone consensuar, ceder, dejar para dar lugar al surgimiento de algo nuevo, mejor.
Pero dejar, servir, dar, regalar, no significa dejar de ser yo mismo, no está en juego mi identidad, quién soy sino mi crecimiento.
Para poder vincularme y seguir siendo fiel a mí mismo y a mi propio deber de crecer y ser mejor y también ser fiel al crecimiento del otro, hay un paso previo de separación, de perdida, sin lo cual nada de esto es posible.
Establecer con profundidad, con felicidad un nuevo vínculo, el de marido y mujer, supone la posibilidad de abandonar el lugar cuidado, protegido conocido de hijo para adentrarse la aventura de construir algo nuevo, hilo a hilo, paso a paso, a partir de dos que dejando algo quieren construir con arte, trabajo, paciencia v humor un lugar mejor v diferente.

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Frases con humor sobre el matrimonio

FRASES PESIMISTAS SOBRE EL MATRIMONIO:
1. El primer año es difícil. Los demás son imposibles. (Isidoro Loi)
2. No te cases por dinero: puedes conseguir un préstamo más barato. (Proverbio escocés)
3. Los solteros deberían pagar más impuestos: no es justo que algunos hombres sean más felices que otros. (Oscar Wilde)
4. Unos se casan por Iglesia; otros, por idiotas. (Woody Alien)
5. El matrimonio es una situación en la que ninguna mujer obtiene lo que esperaba y ningún hombre espera lo que obtiene. (Anónimo)
6. Nunca tengas remordimientos por lo que has pensado de tu esposa. Ella ha pensado cosas peores de ti. (Jean Rostand)
7. Un hombre enamorado estará Incompleto hasta que se case. Cuando lo haga, estará acabado. (Zsa Zsa Gabor).
8. Mi mujer y yo fuimos felices durante 20 años. Después, nos conocimos. (Rodney Dangerfleld)
9. Cuando una pareja de recién casados sonríe, todo el mundo sabe el porqué. Cuando una pareja de diez años de casados sonríe, todo el mundo se pregunta el porqué. (Anónimo)
10. En la antigüedad, los sacrificios se hacían ante al altar. Actualmente, esa costumbre perdura. (Helen Rowlan).

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