Consultorio amoroso para novias

 Consultorio amoroso para novias

Cómo una señorita debe responder a las querencias amorosas sin resultar indecorosa o casquivana, sobre cómo rechazar delicadamente a un galán desalmado, sobre cómo conservar el pudor en el matrimonio, las etiquetas que hay que guardar en el noviazgo para no perder el honor propio de la feminidad… y otros muchos asuntos más que reflejaban cómo la mujer vivía el amor en aquellas épocas. Una sonrisa divertida y cierto desconcierto acompañaron la primera lectura de estos consejos a las féminas del siglo pasado, pero algo quedó en mi cabeza pues al cabo de unos días no pude resistir el no reelerlos. En esta segunda vuelta, mi reacción fue muy distinta. “Una señorita no debe permitir nunca ser besada hasta que no reciba una seria proposición de matrimonio. Esto asegura enormemente el corazón y las intenciones del enamorado. El primer beso puede preceder a la declaración de amor aunque, una mujer como debe ser, guarda más la etiqueta y su seguridad futura si no permite el ser besada hasta el viaje de luna de miel. Toda señorita tiene que tener claro que todo hombre no ama de verdad hasta que no se compromete, y este compromiso será llevado a buen término sólo si la mujer no expone su cuerpo ni permite a su pretendiente veleidades amorosas”. Escogí este consejo al azar, pues ninguno de la extensa retahila tenía desperdicio, para intentar comprender un poco mejor las estrategias que aprendían aquellas mujeres para conseguir y conservar su amor. Algo ha cambiado desde entonces en lo que a besos y demás expresiones físico-amorosas se refiere, pero todavía sigue habiendo una demanda de “consejos para señoritas” casaderas bastante notable, pese a los avances de la ciencia, de la técnica y, lo que es más importante, de la independencia económica de las mujeres jóvenes. Véanse, por ejemplo, el éxito de los programas acerca del amor y de las relaciones de pareja que en este momento se emiten en televisión, los programas de radio intimistas y románticos, y los grandes titulares y artículos de fondo en las revistas de mayor tirada dirigidas a la mujer. ¿Qué significa esto?, ¿se ha cambiado menos de lo que parece?, ¿es que es necesario que las jóvenes casaderas aprendan estrategias de control erótico, o de otra índole, para ver hecho realidad su sueño de amor?, ¿es un juego absurdo, peligroso o necesario el que una mujercita aprenda a cómo sembrar, regar y recoger una cosecha de amor?, ¿es el amor un arte, una técnica reservada para hábiles estrategas o, por el contrario, algo que surge espontáneamente y por el que hay que dejarse llevar, sin planear nada?, ¿o es que el arte de amar se cultiva con técnicas específicas en cada cultura y período histórico? Muchas preguntas para tan poco espacio, pero sí se pueden sintetizar algunas posibles respuestas.

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