Las caricias y la sexualidad en la pareja

Las caricias  y la sexualidad en la pareja

A medida que van creciendo, los niños se dan cuenta que las prohibiciones de los padres no son más que órdenes restrictivas dadas por personas, sus padres, que están perdiendo autoridad. En la adolescencia empiezan a revertir este modo de contacto y comienzan a experimentar las caricias y los besos. Por lo general, es por la insistencia de los varones que vayan pasando de caricias a toqueteos más atrevidos.
Esto no significa que los jóvenes hayan superado las enseñanzas parentales, lo único que se modifica es que ahora son las niñas las que se convierten en sustitutos de los padres diciendo “no me toques, no me acaricies”.
En este enunciado no solamente encontramos un eco del mandato familiar, sino una afirmación de los enunciados sociales que dicen que el sexo es en realidad sucio, que tocar significa sexo, por lo tanto, “las manos quietas”.
De esta conducta también podemos detectar el código que sostiene la doble moral: las mujeres esperan que los varones sean sexualmente más agresivos, y éstos esperan que las mujeres se les resistan. Si ésto no se da algo se supone que anda mal. Con este funcionamiento lo que se hace es afirmar que es respetada la vitalidad sexual masculina y no así la femenina. Además, este doble código enfrenta las mujeres con los varones. Si el varón gana la mujer pierde. El sexo aparece como una lucha de poder y de géneros.
La palabra amor, así como el sentido del tacto pasa a ser desvalorizada. El acercamiento físico, limitado en la infancia, y no vivido como una manera espontánea de dar y recibir afecto, pasa a ser solamente sinónimo de provocación sexual. El acto de tocar y acariciar pasa a ser considerado exclusivamente un medio para un fin, sólo un preludio para el coito.

Una vez establecida la relación sexual entre una pareja, el tocarse pasa a ser solamente una forma no verbal de comunicarse su deseo genital. Aparece como algo funcional apareciendo limitado su valor. En general es entendido básicamente más por los varones que por las mujeres como una pérdida de tiempo así como una postergación innecesaria del coito.
El tocar y acariciar no es valorado como un fin en sí mismo, sino únicamente para iniciar el coito, la estimulación táctil pasa al servicio de la gratificación sensual para poder llegar al sexo. Tocar y acariciar son un fin en sí mismos, constituyen una forma primaria de comunicación, como una voz silenciosa que evita las trampas de las palabras expresando las emociones del momento -La Dra. Shere Hite, en su libro “El informe Hite” dice: “Algunas veces se ha dicho que las caricias son cosa de gente madura, algo que la gente hace solamente cuando no es capaz de seguir adelante. Esto, por supuesto no es verdad, las caricias desde tiempo inmemoriable, han sido principalísima forma de sexualidad, a diferencia de la genitalidad, pero una vez más fueron condenadas por los códigos judeo-cristianos a menos que fuesen preludio para el coito, continuando con ese estatus hasta el momento.
No hay razón para que no debamos crear tantos grados diferentes y clases de sexo como queramos, conduzcan o no al orgasrmo sean o no genitales.
Si la definición de placer sexual es sostener el deseo y consumarlo, excitarse más y más, se abren más posibilidades para este  de para excitar a otra persona.
El ‘sexo’ es mayor que el ‘orgasmo’, e implica cualquier clase de intimidad profunda que se comparte con un otro. El intenso contacto físico por medio de las caricias es una de las actividades posibles más satisfactorias en y por sí mismas.”

Esta entrada fue publicada en Vivir en pareja y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>