La infidelidad en el matrimonio y sus tipos

La fidelidad en el matrimonio y sus tipos

Hoy no es mañana.
¿Cómo se podría, entonces, comprometer un sentimiento? Parece un propósito imposible, un intento de actuar contra la naturaleza de las cosas. Nada tiene raíces más profundas y exclusivas en el presente, en el aquí y ahora de la vida de cada individuo, que los sentimientos. Yo amo, odio, estoy triste, estoy feliz, me siento agradecido o dolorido, hoy. Mi amor, mi odio, mi tristeza o mi felicidad del pasado son recuerdos, son experiencias, son vivencias, pero no son lo que siento hoy y aquí. Y mis sentimientos del futuro son deseos, ilusiones, imaginación, pero no están en mí en este momento. Es imposible sentir “a cuenta”.
Respaldado en mi amor de hoy, puedo actuar con fidelidad v puedo afianzarme en la sensación de que así continuaré. Pero estos son un sentimiento y una sensación de hoy. No de mañana. ¿Y mañana? ¿Seré fiel?.

No todos los actos de infidelidad se pueden medir con la misma vara: importa el momento de la pareja, la situación personal de cada uno, el contexto del episodio. Hay infidelidades accidentales, las hay por represalia y existen también -son las más graves- las infidelidades compulsivas (es decir a repetición, casi un “modo de vida”). Si bien todas son síntomas -y es importante averiguar, incluso para el infiel, síntomas de qué, como decía Whitaker-, las repetitivas son las más graves, ya sea que se trate de un “único” tercero o tercera (una suerte de romance paralelo) o de una amplia variedad. En esos casos uno de los miembros de la pareja (el compulsivo) está enviando un fuerte mensaje, consciente o inconsciente, que debe ser escuchado sin demoras. En realidad se está “yendo” de la pareja o está conspirando contra ella. Como cada pareja está constituida por dos personas únicas, su matrimonio termina siendo una experiencia única y que les pertenece por entero. Por eso las “aventuras” incluyen una gama extensa de posibilidades y razones, que sólo se entienden cuando se encuadran en la historia y la situación de la pareja afectada. Los investigadores Janet Reibstein y Martin Richards, especialistas en matrimonio y familia, señalan en su libro Acuerdos sexuales (matrimonios y aventuras) que esa variedad incluye desde quienes sienten que la aventura fortaleció a su matrimonio y permitió  reformularlo, hasta quienes la señalan como el fin de la pareja. En todo caso, si, como se dijo, las promesas de fidelidad comprometen una conducta pero no pueden involucrar el futuro del sentimiento, hay algo que es cierto: cuanto mayor resulta el compromiso emocional entre los miembros de una pareja, menores son los resquicios por los cuales la sombra fugaz o permanente de un tercero puede infiltrarse en la intimidad y socavarla. Ese compromiso no se produce porque sí, automáticamente; tampoco basta con un juramento para establecerlo. Es cuestión de mantenerse en contacto con el otro. Es decir, en con: real. Para esto es necesario verlo como es y no como quisiéramos que sea, establecer puentes de confianza y de aceptación, no barrer debajo de la alfombra aquellas cosas de nuestra pareja o del vínculo que no nos gustan o que nos hacen sufrir y saber que también nosotros somos falibles para el otro. “El matrimonio occidental de compañeros está muy lejos de ser un modelo humano universal -advierten Reibstein y Richards-; es un invento reciente en la historia que parece ofrecer seguridad.” apoyo en un mundo cambiante e incierto.

Para muchos su promesa inicial tiene una vida corta. Algunos son capaces de renegociar y crear una alternativa más sostenible. mientras que otros se descorazonan y buscan las mismas ilusiones en otra parte”.
Esto significa, una vez más, que el matrimonio es el comienzo y no el final de la historia de la pareja que se casa. Los juramentos de una vez y para siempre pueden sonar román tic. -engañosos. Pero esto no significa que no existe la posibilidad de mirar hacia el futuro y encontrarlo. Siempre y cuando esa mirada tenga su fundamento en el presente, en la relación verdadera de cada día. En la presencia cotidiana junto al otro, en la exploración conjunta de los nuevos territorios físicos y emocionales es donde se construye el compromiso emocional y también algo más profundo y sólido que la simple fidelidad: la lealtad.

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